LO QUE APRENDÍ...
...EN UNA RELACIÓN
Mientras miro por la ventana me pongo a pensar en escribir algunas de las enseñanzas que he recibido (y que francamente no he aplicado del todo), pero con esperanzas de que plasmarlas me ayude a asimilarlas y a entenderlas mejor (¡y quién sabe…! Tal vez, algún día, compartirlas con alguien más.
La historia:
Así que, terminé una relación de cinco meses, de las más largas que he tenido. Un chico de 29 años (28 cuando nos conocimos) que conocí por Internet. Empezamos como amigos, y luego cuando descubrí que él tenía un cariño más profundo todavía por mí, y deseos de que fuéramos novios, me asusté. Tenía pánico de que la gente en mi entorno cercano supiera que soy gay (algo que mucha otra gente ya sabe, amigos, familia, en fin…) por pensar que eso cambiaría la percepción que tenían de mí. Sobra decir, eso no cambió para nada. Aún me tenían en el mismo concepto, no me trataban diferente (o quizá sí, si acaso, un poco más como yo mismo, como a mí mismo me hubiera gustado que me trataran porque ahora trataban al verdadero yo, alguien mucho más auténtico a mis ojos). En fin. Que me asusté, me cerré al amor. Yo no quería que nadie me viera con él, me sentía aterrado y no merecedor. Sin embargo, una gran amiga me reflejó mis verdades. Que yo estaba asustado. ¡Y tenía razón! Que le huía a tener una relación con una persona que de verdad me quería. Así que finalmente, después de varias semanas, me di la oportunidad otra vez. ¿Y saben qué? Fue sensacional. ¡Me abrí de maneras que no había conocido…!
La otra cara:
Pero no. No solo eso. También fue agónico. Estresante,
angustiante y agotador… pasar por ese proceso de abrirme capa por capa y
revelarme ante otro ser humano para que viera todo de mí. Mis flaquezas, mis
debilidades, mis inseguridades… En algún momento luché con ellas, hacía de todo
por estar en esa relación. Luchaba, en lugar de abrazar. No me di cuenta de que
hacía cosas que no me nacían al momento para estar cerca de él y ser valorado
ante sus ojos. Hacía lo que creía que él querría, aunque no estaba seguro de
que así fuera.
Algo que me dejó de aprendizaje fue que no tengo que hacer ningún esfuerzo ni nada especial para que me quieran. Lo mismo descubrí con mis amigos. Ellos estaban ahí para mí aún en momentos en los que yo no estuve ahí para ellos. Eso fue muy valioso. Me hizo darme cuenta de que la virtud de la amistad no está en estar siempre para los demás. Aunque a veces no vamos a estar así, no por eso se rompe el vínculo.
Las frases:
Al repasar algunos momentos de mi relación, recuerdo como
frases cultas que oí de su boca. Cuando me las decía, iluminaban mi conciencia
de una forma que antes nadie había hecho. En ocasiones, eran dolorosamente
crudas, como la vez en que me hizo saber que existía la posibilidad de que tuviera
sexo con otra persona aun siendo novios.
La idea me aterraba. Me sentía tan vulnerable y desprotegido ante la posibilidad de que eso sucediera. No sé si eso sucedió, y no me lo cuestionaba. La verdad, ahora que hemos terminado y miro hacia atrás, ni siquiera lo veo como una posibilidad. Es más, pierde toda relevancia. No sé si frente a la precariedad de que lo nuestro terminara intempestivamente yo pensé que me dolería demasiado y eso lo hacía más doloroso. La incertidumbre. Ahora que ya hemos acabado, me da mucha paz, lo cual me muestra algo de sombra en mí: el estar cómodo con la idea de que no me van a traicionar porque no estoy en una relación es como estar feliz de que no vayan a robar mi casa por el hecho de que no tengo una casa. Un poco absurdo, pero ese era mi pensamiento.
En fin, que voy a dejar de andarme acordando de lo que pensaba y voy a empezar a hablar de lo que aprendí. Pudiera sintetizarlo en una serie de puntos, aunque por ahora no sé cuántos puntos serán. Veremos conforme vayamos avanzando. ¿Me siguen?
Las enseñanzas:
A continuación, entonces, presento algunas ideas que él me enseñó. Esto no significa que yo las acepto como verdaderas, sino que me mostraron otra perspectiva de la realidad.
Bueno, para empezar, me mostró que:
MIS SUEÑOS PUEDEN SER MÁS GRANDES QUE MIS MIEDOS
Para como yo lo veo, él tenía sueños (los tiene aún). Uno de
esos es participar en una serie de Netflix. Creo que aún no sabe exactamente
cómo lograría eso, pero sabe que tiene que dar algunos pasos para empezar. Así
que anotó en una lista de pendientes que necesita buscar clases de actuación. A
sus casi 30 años está pensando en empezar algo completamente nuevo. ¡Sí, claro!
¿¡Y por qué no!? Pero algo en mí me dice como si eso no fuera posible. Así que
ahora yo hago lo contrario. Digo, ¡¿cómo no va a ser posible?!
SIEMPRE HAY QUE LUCHAR
Habrá días en los que sentimos que no tenemos más
herramientas y parece que todo se nos cierra encima. Está bien aceptarlo, pero
no hay que quedarnos ahí; es solo un sentimiento pasajero. El mundo no se
detiene, ni espera a que decidamos quitarnos el polvo de encima y salir a
enfrentarlo. Cuando lo hagamos, nos vamos a topar con que todo ha seguido su
curso. Es nuestra responsabilidad reincorporarnos a su flujo.
LAS RELACIONES SON UNA NEGOCIACIÓN
Las dos partes de una relación son seres humanos. Ambas
tienen necesidades y esperan que estas se vean satisfechas. Es necesario tomar
en cuenta a la otra persona si se quiere conseguir lo que ambos quieren. Lo que
nos lleva al siguiente punto:
LA COMUNICACIÓN ES VITAL
Ser honestos sobre lo que pensamos y sentimos resulta indispensable al compartir con alguien, en especial cuando se construye un vínculo tan íntimo como lo es la relación de pareja. Si decimos las verdades a medias, estaremos construyendo algo que tal vez no queremos realmente y será imposible tener un intercambio auténtico con el otro.
PUEDO SOSTENERME SOLO
Que no necesito aferrarme a una sola persona, ni a una
pareja, ni a nadie en particular, para poder mantenerme de pie. Tengo un
círculo muy grande apoyo, familia y amigos, con los que cuento y a los que les
puedo dar lata si algo sale mal. Con los que puedo hablar sobre mis proyectos y
mis deseos, sin tener que limitarme a que sea solamente uno de ellos quien me
va a tener que estar escuchando o que vaya a ser mi único soporte. Aquí yo NO
estoy solo. Pero tuve que dejarlo ir para verlo, y para darme cuenta de que él
no es mi bastón, sino que hay una red maravillosa de personas que he ido
entretejiendo con los años (quizá no de la mejor manera, ni la más habilidosa),
pero que está ahí, y que ahora en una nueva aventura puedo emprender sin
necesitar de él, ni de nadie en concreto.
A VECES BUSCAMOS LEJOS LO QUE TENEMOS FRENTE A NOSOTROS
Cuando pienso en aquella noche en que estaba muerto de miedo
porque él quería ser mi novio, una gran amiga llegó a mostrarme cómo en
realidad me estaba resistiendo a algo que había querido durante muchos años, y
que al fin la posibilidad había llegado. Pero yo le cerraba la puerta
poniéndome excusas, creyendo que eso que él tenía para ofrecerme no iba a ser
suficiente o no iba a gustarme. Qué equivocado estaba… Sin embargo…
CUANDO VEMOS FOCOS ROJOS DESDE EL INICIO, HAY QUE HACERLE CASO A NUESTRA INTUICIÓN
Con frecuencia las razones por las que uno cree que una
relación no va a funcionar es precisamente aquella por la que no termina
funcionando. Yo sabía que para mí eran un impedimento 3 cosas:
1.
Vivía con su mamá
2.
No estaba fuera del closet
3.
Era bisexual
El problema, ahora lo veo, no era con él en sí mismo. Era
conmigo. Yo no estaba listo para enfrentarme a esa situación y superar esos
prejuicios que conlleva el estar con alguien bisexual. En mi mente, siempre
existía la posibilidad de que yo dejara de gustarle y él prefiriera estar con
una mujer, alguien que pudiera ofrecerle algo que yo nunca le iba a poder dar.
Y ahora que reflexiono, por qué iba yo a querer ser como una mujer. Por qué iba
yo a poder ser alguien diferente a quien soy en realidad. Soy hombre, sí, pero
eso tampoco me define. Lo que me lleva al siguiente punto:
HAY TANTAS OTRAS CUALIDADES QUE ME REDIMEN Y ME HACEN VALIOSO COMO PERSONA.
Es más, me voy a poner a enumerar algunas de ellas:
1. Soy carismático.
Tengo la capacidad de hacer amigos a donde sea que vaya. ¡Eso es así! Siempre tengo algo de qué conversar con ellos y encuentro la forma de tener algún detalle. Algo que me haga inolvidable. Algo que los haga sentir bien. Yo era esa persona con él, con su familia, buscaba siempre la manera de que me tuvieran presente con algún gesto bonito, con algún regalo.
2. Soy compasivo.
Cuando alguien está pasando por un mal momento, yo siempre intento estar ahí para escucharlos y darles algún consejo, sacarlos de ese sitio en donde se encuentran. A veces, reconozco, que eso puede llegar a ser contraproducente. Me hace más susceptible a pasarme de la raya y dejar de escucharlos, más que nadie quiero ofrecerles soluciones. A veces eso me hace querer cargar también con sus problemas. Ya no quiero que sea así. A partir de hoy, a partir de ahora, dejaré de cargar con los problemas de los demás. Los acompañaré, tal vez, si es necesario. Pero dejaré que cada uno cargue con lo que tiene que cargar, y yo cargaré con lo mío. Sin embargo, en el momento en que me necesiten, si puedo, les voy a prestar una mano. Me voy a poner más al servicio de los demás.
3. Soy comprensivo
Si tengo una expectativa poco realista de lo que algo o alguien están haciendo, voy a enfocarme de vuelta a querer entenderlos. A querer escudriñar hasta el fondo de lo que les está pasando y por qué están viviendo lo que están viviendo, voy a querer proteger esas relaciones y hablar con ellos para que saquen todo lo que tengan que sacar.
Automáticamente se generan para mí 3 grandes objetivos:
OBJETIVO #1
Me pongo al servicio de los demás
OBJETIVO #2
Me disfruto a mí mismo
OBJETIVO #3
Cuido de mí y de mis sueños
Ahora que están aquí no sé si los voy a lograr, pero lo
intentaré.
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